Dolor de cuello.... causa fisica, social o emocional. Te lo contamos.

¿Sufre frecuentemente dolor cervical sin una causa médica específica? Se preguntará por qué y, seguramente, encontrará posibles causas de ese dolor.


La actividad física, las malas posturas, los sobresfuerzos y la sobrecarga repetitiva. Quizá piense en el estrés diario y en si tiene o no relación. Puede que se pregunte si la alimentación tiene algo que ver o si la genética es la clave.


¡Cuántas posibilidades! Pero ¿cuál es cierta?


Tradicionalmente ha sido relacionado con la carga y los esfuerzos físicos. Muchos investigadores han estudiado la influencia de estos factores en distintas poblaciones específicas.


Se sabe que el sedentarismo, los trabajos estáticos durante tiempo prolongado sin los debidos descansos, la sobrecarga física y las tareas en un entorno inadecuadamente adaptado aumentan la probabilidad de que el dolor aparezca o se intensifique.


Las ventajas del optimismo


Por otra parte, cada vez se conoce mejor el papel de los factores psicosociales en la percepción del dolor.

Aspectos de la personalidad como tener dificultades para dirigirnos hacia lo que queremos en nuestra vida, persistir en nuestros objetivos y gestionar los cambios, junto con una alta tendencia a evitar el daño y asumir riesgos, han demostrado influir en la experiencia de dolor y su cronificación.

Sin embargo, ser optimista, extrovertido y tener habilidades sociales ayudan a afrontarlo de forma más efectiva.


Además, el percibirse uno mismo como poco eficaz y con poco autocontrol sobre el dolor tampoco ayuda. Atribuirle un significado negativo, que nos preocupe en exceso y mantener bajas expectativas con respecto su evolución, aumenta el riesgo de que el dolor aumente y se perpetúe.

Si este genera emociones negativas mantenidas en el tiempo o nos arrastra a la ansiedad y a la depresión, sumamos factores que lo agravan.


Este hace referencia a la reacción emocional desagradable y a menudo angustiosa que aparece cuando nos sentimos rechazados y excluidos socialmente, sobre todo si afecta a relaciones que deseamos tener y mantener.


Se ha mostrado mediante imágenes por resonancia magnética funcional que el procesamiento cerebral del dolor social activa los mismos centros y vías que el dolor físico en su dimensión afectiva-motivacional. Es decir, lo que el dolor social nos hace sentir, las emociones y estados de ánimo que despierta.

De esta forma, si tenemos un conflicto que nos separa de un ser querido o nos excluye de relaciones significativas para nosotros, probablemente tendremos dolor social y una mayor actividad añadida de los centros y vías cerebrales que ya se mantenían activas por el dolor cervical.


¿Y su causa emocional?


El cuello es la parte del cuerpo que soporta la cabeza. Este nexo entre el cuerpo y la mente es también el puente que permite a la vida manifestarse, representa la flexibilidad, la adaptabilidad y la dirección anticipada.

"Todo lo que da la vida pasa por el cuello: el aire, el agua, los alimentos, las circulaciones sanguínea y nerviosa. Une la cabeza con el cuerpo y permite la libre expresión"


Cuando una persona se halla emocionalmente ansiosa tiende a contraer los músculos que unen la cabeza con los hombros y tensiona toda la musculatura que va desde la nuca hasta la parte más elevada de los hombros.

Esta zona, suele recibir así gran tensión en los momentos en los que contenemos nuestra agresividad. Las vertebras cervicales estan relacionadas con la comunicacion verbal. De esta forma podemos tener dolencias en esta zona cuando sentimos impotencia ante un sentimiento, o ante una situación, o bien por tener que 'bajar la cabeza' frente a algo, o alguien. Cuando una persona se halla emocionalmente ansiosa tiende a contraer los músculos que unen la cabeza con los hombros.


¿Qué situación quiero controlar y por qué? ¿Qué no quiero aceptar? ¿Qué no quiero ver? En nuestras manos está escuchar a nuestro cuerpo.


En definitiva, tenemos que tener claro que nuestro dolor de cuello puede venir dado por una serie de factores que debemos identificar, valorar y tomar la mejor de las decisines para recuperar nuestro equilibrio.



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